Durante el periodo en que conmemoramos el Día de Muertos —una tradición profundamente mexicana que une memoria, cariño y respeto hacia quienes han partido— nos enfrentamos también a un doble reto: ¿cómo honrar la vida mientras se cuidan los elementos que suelen estar presentes en estas fechas, como velas, inciensos, flores, altares? Muchas veces, lo festivo implica riesgo: el uso de fuego, la acumulación de objetos inflamables, decoraciones colgantes, ambientes cerrados. Es entonces cuando la prevención se vuelve un acto de responsabilidad y afecto hacia quienes siguen aquí.
La doble dimensión de la tradición
Por un lado, el altar y la ofrenda son símbolos de memoria, acompañamiento y vida más allá de la muerte. Por otro lado, los factores de riesgo aumentan: veladoras encendidas, combustibles ligeros, circulación en espacios reducidos, luz tenue. Sabemos que en muchos incidentes domésticos se combina descuido + combustible + falta de supervisión. La buena noticia es que esos riesgos pueden mitigarse con medidas sencillas.
¿Qué podemos hacer para celebrar con seguridad?
- Colocar las velas sobre bases metálicas o resistentes al calor; lejos de cortinas, papel picado o materiales colgantes.
- Mantener supervisión constante: nunca dejar una vela encendida sin vigilancia.
- Utilizar incensos o veladoras en zonas ventiladas, con rutas de salida libres.
- Conservar un extintor funcional o al menos un matamoscas y agua en caso de pequeñas llamas.
- Enseñar a los miembros de la casa (y/o de la empresa, si se usan espacios comunes) qué hacer en caso de llamas repentinas: cubrir con una manta, apagar la fuente de combustión, evacuar si es necesario.
La prevención como homenaje verdadero
En PROAXION creemos que honrar la vida también significa actuar con conciencia. Preparar el altar con seguridad, enseñar a los más jóvenes a no jugar con fuego, vigilar que todo quede en orden al finalizar la celebración: eso es prevención. Esa es la manera más auténtica de expresar respeto —hacia quienes ya no están y hacia quienes siguen aquí.
Conclusión
Recordemos que la tradición es un puente entre el pasado y el presente. Pero el presente debe cuidarse para que el puente siga firme. La prevención no es un trámite secundario; es parte de un acto de amor y responsabilidad.
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